¿Te gusta arriesgar mientras conduces?

Sin ser un experto en la psicología de los sapiens (sí, nosotros, los humanos) intuyo que nos cuesta bastante «oler» aquellos riesgos que no son palpables. Hasta que no nos quemamos, pensamos que aquello está frío. Si eres uno de los «afortunados» que ha sufrido algún alcance en primera persona, es decir, eres el que ha golpeado al coche de delante por frenar tarde, ¿a que hasta entonces creías que mantenías una distancia de seguridad suficiente?. Claro, todos pensamos que lo hacemos bien, pero a veces se nos demuestra que no. Y… ¿qué hacemos los sapiens en ese momento? Recalibrar. «Voy a dejar un pelín más de espacio porque la última vez…menudo susto me llevé». Aquí viene el problema: el que tenga una «última vez» puede comparar su «ahora» con esa «última vez» y ser consciente del riesgo que está asumiendo, pero el que no la tenga tendrá que andarse con cuidado. La vida le pondrá alguna que otra prueba al volante y con suerte podrá calibrar ese «apetito al riesgo» que algunos tienen bastante o muy desarrollado. Cuando conduzcas, ponte en la peor situación: el coche de delante puede frenar, el coche de al lado puede cambiar de carril en cualquier momento y por lo tanto no te quedes mucho tiempo en su ángulo muerto, detén tu coche en los STOP, adelanta solamente cuando sientas que lo estás haciendo con total seguridad, etc.

Pero esto no pretende ser un sermón a aquellos que se piensan que la carretera es un circuito sino más bien una reflexión para ti, que piensas que no arriesgas y que conduces con la máxima precaución. ¿Sabes lo peligroso que es conducir sin llevar la presión correcta en las ruedas de tu coche? ¿Sabes que llevando unos neumáticos desgastados te estás jugando la vida cada vez que arrancas tu coche? Y me dirás: «acabo de verificar mis ruedas, les queda aún hasta el testigo», y esto con suerte porque hay mucha gente que no sabe que sus ruedas llevan un testigo que te dice «¡cámbiame ya, que no aguanto más!». La profundidad mínima para circular según las leyes actuales es de 1,6 mm que coincide exactamente con el testigo del que te hablaba. Un neumático nuevo tiene una profundidad de 8 mm. Cuando tu neumático tenga una profundidad de dibujo de 3 mm, necesitará casi el doble de distancia para frenar sobre una superficie con 3 mm de agua que la que necesitaría con el neumático nuevo (8 mm de grosor). Tenlo en cuenta y no apures tus neumáticos hasta el testigo porque estarás arriesgando mucho sin darte cuenta. Puedes utilizar una moneda de 1€ para comprobar la profundidad de tus neumáticos. El borde dorado de la moneda mide exactamente 3 mm. Por otro lado, una presión insuficiente en tus ruedas puede provocar un efecto similar y si la presión es diferente en las ruedas del mismo eje (imaginemos rueda delantera izquierda y delantera derecha), un frenazo brusco hará que puedas perder el control de tu coche porque este no frenará por igual las dos ruedas. Revisa la presión de tus ruedas una vez cada uno o dos meses. Reflexión: en caso de sufrir un incidente nunca sabrás qué hubiera pasado de llevar unos neumáticos en buen estado y con la presión correcta.

También me gustaría decirte que estás arriesgando muchísimo cada vez que realizas una maniobra sin señalizar. Es necesario señalizar precisamente porque de esta manera te estás adelantando a los acontecimientos. Al que va detrás de ti le estás diciendo que vas a girar en los próximos cientos de metros y él a su vez se preparará para frenar y ayudarte a realizar la maniobra de forma segura. Al que va delante de ti le estás diciendo que vas a adelantarle y de esta manera, él a su vez estará pendiente para facilitarte la maniobra tal vez dejando de acelerar o arrimándose más a la parte derecha de su carril. En autovía, utiliza el intermitente para avisar con tiempo tus cambios de carril. A 120 km/h se recorren 33 metros cada segundo y si avisas, los que vienen por detrás normalmente te facilitarán la maniobra. Usa los intermitentes siempre que sea necesario porque de lo contrario te la estás jugando. En ciudad el resultado puede ser un roce y en autovía el resultado puede ser grave.

Por último, la imaginación puede ayudarnos a conducir mejor. Imagina qué puede pasar y adelántate a los acontecimientos. Cuando vayas por el primer carril de una autopista a 120 km/h y a lo lejos veas un camión, piensa que ese camión irá a 90 km/h durante todo su recorrido. No pueden ir a más, es su velocidad máxima permitida. ¿Por qué vemos coches que se pegan a los camiones y frenan en el último momento para después adelantarlos? Si vas a 120 km/h y el camión a 90 km/h es cuestión de tiempo el hecho de alcanzarlo y por tanto, señaliza con tiempo tu maniobra de adelantamiento y no esperes al último momento. Pasa exactamente lo mismo con los autobuses, cuya velocidad máxima permitida es 100 km/h. Nunca verás un camión adelantando a un autobús pero al revés sí. Señaliza y adelanta con tiempo, no apures.

Desde el equipo de micocheideal vamos a publicar este tipo de entradas con carácter reflexivo y práctico con la ilusión de que te puedan ser útiles en tu día a día.

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